CULTURA LITERARIA TRAS LAS BAMBALINAS DEL BOXEO GALLEGO

Hace media docena de años hice una serie de entrevistas al equipo de boxeo femenino gallego que había logrado grandes gestas en los campeonatos estatales. Entre las boxeadoras entrevistadas se encontraba la competidora de Rianxo Estefanía García, quien me sorprendió con la petición de que incluyera la pregunta ¿ a quien desea dedicar su medalla nacional ? Por supuesto que incluí tal cuestión, y la respuesta de la deportista gallega fue un alegato de respeto, gratitud y aprecio hacia su preparador.

Alfredo Blanco Ríos, segundo en cuclillas por la izquierda, con el galardon acreditativo de su Premio Rubén martinez 2014.

Buen entrenador, pensé, debe ser Alfredo Blanco Ríos. Cosa que pude comprobar unos meses después cuando la FGB premió su labor, junto con su colega Johnny Hermida, como seleccionador del Combinado Infantil Gallego compuesto por Filomena del RíoAriadna SuárezJuan PiñeiroPablo Piñeiro, que asimismo se llevaron el premio Rubén Martínez 2014 en el apartado de Boxeo Infantil. Desde entonces, hemos coincidido en muchos eventos boxísticos y discrepado en alguno.

Hoy he recibido una nota de Alfredo Blanco Ríos, que agradezco y aprecio cordialmente en las consideraciones hacia mi persona, sobre la que debo confesar sentirme maravillado en lo correspondiente a la riqueza de la prosa y la calidad académica que destila el singular texto. Desde mi punto de vista se trata de una pequeña joya literaria en la que cualquier ávido lector puede percibir el orbe nerudiano, o sentir una influencia conradiana a través de las concisas líneas. Ahí abajo os las dejo, para que comprobéis la cultura literaria que, por maravillosa paradoja, puede atesorar un personaje que forma parte del rudo y cruento mundo del noble arte.

«De bien nacido es ser agradecido», reza el acertado refrán. No quisiera yo dejar pasar más tiempo sin agradecer la labor de tu pluma voraz y certera, sin ambigüedades ni posiciones ventajosas o apadrinadas. Eres la voz escrita de un mundo acorralado en ocasiones por sí mismo. Eres el grito comedido y el susurro amigo. Un disparo de tinta a la línea de flotación de los egos desmesurados y un refugio para los ojos ávidos de literatura boxística de calidad. No existe en tu pluma el insulto o el desprecio, únicas medicinas válidas para el mediocre autocomplaciente. Tus crónicas son el pulso y la sangre del boxeo galaico en todas sus facetas y categorías, desde la élite hasta el candor de los infantes. Siempre encuentras la palabra adecuada, huyendo de lo repetitivo y lo más peligroso… El clientelismo. Eres la mano verdaderamente experta, sincera e independiente que tenemos la gran suerte de poder disfrutar y de la que podemos aprender. Creo que te mereces este minúsculo reconocimiento por mi parte y al que seguro muchos se unirían. Recibe un gran abrazo y el aprecio por tu entrega a todos los que forman la familia de esa loca aventura de las cuerdas. Gracias Maestro

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